Lola saltó desde una piedra y cayó en los juncos. ¡Fuuuush! Tres pétalos volaron.
—¡Otra vez! —dijo Lola. Miró la piedra siguiente y flexionó las patas.
Lola tomó impulso y saltó. Una pata quedó sobre el borde, y la piedra hizo: «¡Ploc!»
Lola se sacudió y rió. Luego volvió a colocarse frente al salto.
Desde una piedra más alta, Lola saltó junto a las flores. ¡Plaf! Una gota enorme cayó sobre su nariz.
Lola parpadeó. Después practicó de nuevo, un poquito más lejos.
Lola corrió y saltó con todas sus fuerzas. Llegó a la piedra del otro lado.
La piedra rodó: «¡Glu, glu!» Lola movió las patas y recuperó el equilibrio.
Lola quedó de pie y miró la distancia que acababa de cruzar. La charca parecía pequeña.
Lola regresó saltando de piedra en piedra, cada vez un poquito más lejos.
Las flores se balancearon y los juncos susurraron. Lola sonrió.
—¡Sal-tar! —gritó Lola, lista para probar un salto nuevo.