Mariana entra al colegio con su mochila brillante. Zip. La cremallera se atasca.
La mochila se abre de golpe. Lápices, cuadernos y la manzana roja ruedan por el suelo. La manzana rueda y se detiene bajo la silla de la maestra.
En arte, la pintura amarilla se mezcla con el azul. ¡Verde oscuro! Mariana frunce el ceño.
Un gato maúlla desde la ventana. Mariana suspira y sigue pintando.
En matemáticas, Mariana cuenta piedras. La maestra quita tres. Mariana se muerde el labio.
Las piedras crujen bajo sus zapatos cuando las empuja. Un, dos, tres… ahora hay menos.
En el patio, Mariana corre tras una pelota. ¡Pum! La pelota golpea un arbusto.
Mariana da un paso atrás y aprieta los puños. Las hojas del arbusto temblaron con el viento.
Mariana se sienta sola en el aula. La manzana roja rueda desde su bolsillo hasta la mesa.
Ella la toma, la parte en dos y le da media al niño que aparece en la puerta.
El niño sonríe y toma la manzana. Mariana sonríe también.
Sus dibujos, sus sumas y sus emociones son un camino que sigue creciendo.