Tres cerditos hermanos construían sus casas en el valle verde. Uno de paja, otro de madera, y Pepito de ladrillos rojos. Cada uno trabajaba bajo los girasoles.
El lobo feroz sopló con fuerza sobre la casa de paja. ¡Crac! Los haces volaron por el aire como hojas en otoño. Los hermanos corrieron hacia la casa de madera.
El lobo llegó a la casa de madera y sopló tan fuerte que los troncos temblaron. La casa crujió y se derrumbó. Los tres cerditos corrieron hacia la casa de ladrillo.
Dentro de la casa de ladrillo, los tres hermanos cerraron la puerta y se abrazaron. El lobo golpeó la puerta: ¡bum, bum, bum! La casa se quedó quieta y segura.
Pepito subió a la chimenea y puso una olla grande hirviendo sobre el fuego. El agua burbujea y huele a zanahoria y romero. Los otros dos sostenían una tabla contra la puerta.
¡Plaf! El lobo cayó directamente en la olla humeante y saltó hacia afuera con un aullido agudo. Salió disparado por la puerta, corriendo montaña arriba sin mirarse atrás.
Los tres cerditos se quedaron parados sin poder dejar de reír. El sol calentaba sus lomos y los girasoles ondeaban suaves afuera.
Desde ese día, los tres hermanos cultivaban juntos un huerto grande junto a la casa de ladrillo. Las abejas zumbaban entre las flores y el valle entero olía a tomillo y tierra mojada.