Lucas empuja la puerta del jardín y se detiene. Entre las flores hay un pajarito azul quieto.
Se arrodilla despacio y levanta las manos. «No te preocupes —susurra—, yo te voy a cuidar.»
Lucas corre adentro y toma a su mamá de la mano. «¡Mira, mamá, un pajarito!»
Juntos colocan al pajarito en una caja con algodón suave. El pajarito parpadea y abre un ojo.
El pajarito no come. Lucas intenta con su dedo, luego con una ramita, luego con una cuchara.
De pronto, el pajarito traga la semilla. ¡Lucas abre los ojos como platos! Su mamá se tapa la boca.
Una semana después, Lucas abre la ventana. El pajarito se posa en la rama del árbol.
El pajarito chilla suavemente y el sol brilla entre las hojas. Lucas sonríe.