Lucas agarra la mano de su tía y corre hacia el jardín. La casa acogedora queda atrás entre macetas y ventanas brillantes.
¡Plof! La regadera cae sobre los pies de Lucas. Él salta, y las flores tiemblan con un chapoteo.
La tía recoge la regadera y Lucas la ayuda a llenarla. «¡Otra vez!», dice él, mirando el agua subir.
Un chorro rebelde moja la nariz de Lucas. «¡Achís!», dice, mientras su tía se ríe bajo el dulce aroma de las rosas.
Junto a las margaritas, Lucas encuentra una pelota amarilla. La levanta y piensa: «Al parque»
Lucas lleva la pelota al parque con su tía. ¡Boing! Rebota entre los columpios y pasa bajo un banco.
La pelota desaparece detrás de un arbusto. Lucas y su tía siguen el sonido: «¡Boing, boing!»
¡Boing! La pelota sale disparada del arbusto y aterriza en la cabeza de Lucas. Le queda como un sombrero, y él suelta una carcajada.
Lucas devuelve la pelota al jardín. La deja junto a las margaritas y camina con su tía hasta las flores.
Lucas se sienta junto a su tía bajo las flores. Apoya la cabeza en su brazo y escucha las hojas moverse.