Lucía salta con su oveja de peluche por el jardín. «¡Baaaa!» hace la oveja. Lucía ríe.
Lucía ríe y hace rodar a la oveja como si fuera una pelota por el pasto verde.
La puerta se abre y mamá llama: «¡Lucía, a almorzar!» Lucía se detiene en seco.
La oveja cae al pasto. Lucía se quita los zapatos en la alfombra de la entrada y entra.
Por la tarde, Lucía agarra su oveja y va a la puerta. Abre y se queda quieta. ¡Gotas!
¡Brrr! El patio está mojado. Lucía suelta la oveja y se cruza de brazos.
Lucía entra corriendo, abre el armario y saca su impermeable amarillo. Se lo pone.
Se calza las botas. ¡Plaf! Sale al patio y salta en las charcas con su oveja. ¡Splish, splash! Lucía no puede dejar de reír.