Luma levanta su almohada y se queda mirando el espacio vacío. «¡Mi peluche!» grita, y corre hacia la puerta de su habitación.
Luma busca en la cocina: abre el armario, revisa la nevera, levanta cojines de la mesa. No está.
Pisa fuerte hasta la sala y luego al comedor, gritando «¿Dónde estás?» en cada rincón.
Luma se mete en el garaje entre cajas viejas, revisa el baño detrás de la bañera y corre al patio a mirar bajo los arbustos.
«¡Ya no lo voy a encontrar!» dice, con los ojos llorosos, y se sienta en el suelo.
Luma se da un abrazo fuerte a sí misma, muy apretadito, y cierra los ojos.
De pronto, sus dedos tocan algo suave y peludo bajo su almohada. ¡Su peluche está ahí, esperándola!
Luma abraza a su peluche y lo besa en la cabeza. Sonríe. Lo coloca junto a ella y se acuesta, tranquila y feliz.