La directora llamó a Lúmina al frente del círculo de banquitos. Los niños más pequeños la miraron. Lúmina abrió su libro.
Lúmina repitió la lección una y otra vez. Las palabras se perdieron en el aire. La niña de las flores contó las flores naranjas.
El niño con gorra siguió a las mariposas. El sol brillaba caliente sobre sus cabezas. El silencio creció entre ellos.
Lúmina cerró el libro. Tomó una hoja seca y trazó una letra en el aire con su dedo índice.
Los niños la siguieron con los dedos. La hoja crujió al tocar el banquito. Una mariposa pasó volando.
Todos levantaron las manos al mismo tiempo. Quisieron trazar letras en el aire. Las flores naranjas se mecieron con el viento.
Lúmina sonrió. Los niños trazaban letras imaginarias con sus dedos. El viento hacía bailar las flores naranjas.
Lúmina se sentó con los más pequeños bajo el gran árbol. Un niño trazó una letra en el aire.
Los demás lo imitaron. Las flores naranjas cayeron suavemente sobre las páginas del libro abierto.
Lúmina recogió una flor y la puso en su libro. Sonrió para sí misma. Ya había aprendido la lección.