Luna flota muy pequeña en el cielo azul. Las otras nubes gigantes rebotan y hacen travesuras. 'Quizás soy demasiado diminuta', murmura, y sus bordes se arrugan.
Luna baja un poco y ve flores marchitas en el jardín. Intenta soltar una gotita, pero solo sale un suspiro de neblina. Las flores siguen inclinadas.
Otra nube se burla y lanza una lluvia que moja a los niños. Las flores se doblan más. Luna observa sus gotas temblando dentro de ella.
Luna aprieta sus bordes. Algo dentro quiere salir — no una orden, sino una decisión suave. Cierra los ojos y se prepara.
Luna suelta todo lo que lleva: una lluvia suave y brillante cae sobre las flores, los árboles y los niños que levantan las manos.
Las flores se estiran y abren pétalos coloridos. Un girasol se endereza con un crujido feliz. Luna sonríe y ya no se esconde.
Luna flota más grande y más cerca del jardín. Las otras nubes la invitan a jugar, y ella acepta sin miedo.
Los niños gritan desde el jardín: '¡Gracias, Luna!' Las flores danzan bajo la luz, y Luna descubre su don.
Luna comparte gotitas con las otras nubes. Ya no es demasiado diminuta — es perfecta tal como es.
Cada vez que alguien lo necesite, Luna vuelve a bajar. Porque su don es hacer sonreír al mundo.