Luna entra en el Bosque de los Susurros. Un crujido seco rompe el silencio entre las raíces.
Su mano agarra fuerte la correa de su mochila. El tejido áspero raspa sus dedos nerviosos.
Un susurro ronco parece acercarse desde la sombra. Luna da un paso atrás, despacio.
Tropieza con una piedra cubierta de musgo resbaladizo. El aire huele a tierra mojada.
Los pasos pesados detrás de ella no cesan. Luna se tapa los oídos y cierra los ojos.
De repente, un pequeño conejo blanco salta sobre su hombro. Deja un rastro de polvo dorado.
Luna abre un ojo y ve al conejo sonriendo. El animal emite un sonido suave como una campanilla.
Baja las manos lentamente y extiende una mano temblorosa hacia el conejo. Él ladea la cabeza.
Otros animales asoman sus cabezas desde los arbustos. Hacen cosquillas en el aire con sus alas.
Luna camina más despacio por el sendero. Acaricia el pelaje suave del conejo.
Las voces del bosque ahora suenan como risas compartidas alrededor de ella. Ya no está sola.
Sabe que ya no está sola en la oscuridad. El bosque le sonríe de vuelta.