En la plaza, muchas personas trabajaban sin descanso y recibían muy poco. Luz apretó su pañuelo al oír murmullos: «¡No es justo!»
De pronto, la campana sonó: «¡Tan, tan!» Luz soltó un poco el pañuelo y siguió aquel sonido por las calles.
Junto al llamado de Miguel Hidalgo, Luz alzó el pañuelo con muchas voces. «¡Libertad!», gritó la plaza, y las campanas repicaron de pueblo en pueblo.
Luz encontró noticias sobre las luchas de Morelos. Dobló los mensajes y pensó: «Deben llegar lejos».
Los mensajes pasaron de mano en mano por caminos, mercados y ciudades. Una ráfaga levantó uno y lo pegó en la cara de Luz: «¡Ja, ja!»
Luz despegó el papel y lo entregó en la siguiente ciudad. Después, siguió caminando mientras los caminos se llenaban de noticias.
Pasaron los años. Mujeres, hombres, pueblos y ciudades continuaron unidos, y Luz enlazó sus manos con quienes marchaban cerca.
Tambores, pasos y voces llenaron la calle. Luz miró la fila avanzar y pensó: «Ya falta poco».
En 1821, el Ejército Trigarante entró en la ciudad. Luz alzó su pañuelo entre banderas y campanas.
La multitud celebró la consumación de la Independencia de México. Luz sonrió bajo las campanas: su pañuelo ondeó junto a las banderas.