En el jardín colorido, Luzca se queda quieta entre las flores. Los grillos, las mariposas y las abejas hacen un ruido enorme.
Su caparazón rojo brilla entre las flores, pero todo suena tan fuerte. Luzca baja la cabeza hacia el tallo verde.
Una abeja gira y gira, confundida. No encuentra el camino a su colmena. Luzca la observa.
De pronto, un brillo suave comienza a salir de su caparazón rojo. ¡Luzca tiene una luz!
Luzca camina despacio por el tallo, dejando un rastro de luz. La abeja sigue el brillo entre las flores.
La abeja zumba feliz. Ya encontró el camino. La luz de Luzca la guió hasta la colmena.
La abeja se gira y toca el caparazón de Luzca con sus patitas. «Gracias», zumba ella.
La abeja desaparece dentro de la colmena. Luzca se sienta en una hoja y brilla con calma.
El jardín sigue rugiente a su alrededor, pero Luzca no se esconde. Sonríe y su luz roja ilumina todo.
«Soy pequeña», pensó Luzca, «pero mi luz es suficiente». Su brillo rojo pintaba el jardín de alegría.
Las flores se inclinan hacia su luz. Las hojas susurran. El jardín entero parece suspirar en paz.
Y Luzca, la pequeña mariquita, brilló toda la noche en el jardín más bonito del mundo.