Mateo corre tras su pelota roja, Loki trotando a su lado. La pelota rebotó al jardín.
La pelota rueda hacia el cielo estrellado. Las estrellas brillan como pequeñas linternas.
La pelota se detiene al borde de un camino brillante. Mateo sigue el camino, Loki olfateando el aire.
El camino lleva a una escalera hecha de rayos de luna. Loki ladra a los peldaños crujientes.
Mateo sube, con los dedos de los pies cosquilleados por la luz suave. Alcanzan una nube que ondula como un tobogán.
Deslizan por la nube hasta un campo de flores flotantes. Loki persigue una luciérnaga que parpadea.
La luciérnaga los lleva a un árbol con frutos que zumban. Mateo toma uno, su brillo calienta su palma.
La luz del fruto revela un planeta oculto más allá.
Aterrizan en un patio de juegos de colas de cometa. Mateo se balancea alto, Loki ladrando debajo.
El balanceo sube casi tocando las estrellas. Mateo agarra firme mientras la cola del cometa vibra.
Aterrizan suavemente sobre un montón de almohadas de polvo estelar. Siguen el polvo estelar de vuelta a casa, la pelota esperando junto a la puerta.
Mateo abraza a Loki, ambos cansados pero sonriendo. Se acurruca en la suave alfombra, el calor de Loki a su lado. Las estrellas afuera parpadean buenas noches.