Mateo y la fuerza de la amistad

"Mateo y la fuerza de la amistad" es un libro ilustrado en estilo Collage protagonizado por un niño, por lucia Zurita juarez, para Edades 6–9 — creado con Doodara, el creador de cuentos con IA

por lucia Zurita juarez · Collage · Edades 6–9 · niño · 10 páginas

brave, helpful, gentle

amistad, inclusión y empatía

Mateo se queda quieto en el borde del patio. Su bastón blanco marca un ritmo constante sobre el asfalto. Una pelota roja rueda y se detiene contra su zapato. Él la empuja de vuelta hacia los niños que ríen sin mirar. Los gritos del recreo lo envuelven como una marea.

Mateo sonríe levemente. El sol calienta sus mejillas. «¿Alguien necesita su pelota?», llama, pero su voz se pierde entre los gritos. Desde el aula llega un ruido nuevo: un raspido leve, distinto al bullicio habitual del recreo. Algo lo llama desde dentro.

El raspido crece. La profesora López asoma por la puerta, retorciéndose las manos. «¡Pringles! ¡Se escapó el hámster de ciencias!» Mateo inclina la cabeza. Sus dedos rozan la corteza rugosa del árbol más cercano. Detrás del arbusto junto al arenero, escucha un pequeño barrido.

Mateo da un paso adelante, pero un niño le corta el paso. «No puedes ayudar, Mateo», dice con certeza. Él no retrocede. Se arrodilla y apoya la palma plana contra la tierra fresca. Espera. El barrido se detiene y vuelve a empezar, más cerca.

Una sonrisa le dibuja los labios. Detecta un suave olfateo junto al carrito de artes. «Está ahí», señala hacia la ventana abierta. Los niños se agolpan, sus cabezas chocan y derriban una pila de papel. Pringles emite un chillido nervioso y se adentra más en el carrito.

Mateo golpea dos veces su bastón, señal clara de que va a moverse. Se arrastra por el suelo, con la mano libre barriendo el aire a centímetros del piso. Sigue el sonido de unas pequeñas garras sobre los estantes metálicos. Su respiración se acelera. Sus dedos cierran sobre algo pequeño y cálido. «Lo tengo», anuncia, y se sienta, acunando el bulto contra su pecho.

Los niños se acercan. Su escepticismo se derrite en asombro. Una niña extiende la mano y acaricia el pelaje de Pringles. «Lo escuchaste todo el tiempo», susurra. De vuelta en el aula, Mateo coloca a Pringles en su jaula mientras los niños forman un semicírculo a su alrededor.

«Cuéntanos cómo lo hiciste», pide el niño que le había cortado el paso. Mateo ríe, un sonido claro y brillante. «Escuché», dice sencillamente, y se toca la sien. «Y ustedes también tienen orejas». Esa tarde, durante el juego libre, empieza un nuevo juego: «La rayuela ciega» con Mateo al frente.

Por primera vez, todos saben su nombre. Mateo guía a los niños con su bastón, marcando saltos y pausas sobre la rayuela trazada en tiza. Las risas fluyen sin barreras. El sol se pone detrás del colegio, tiñendo el patio de naranja y rosa.

El bastón de Mateo traza el último salto. Los niños cuentan en coro. Él sonríe. Alrededor, las voces de sus compañeros pronuncian su nombre una y otra vez, como un juego nuevo que acaba de empezar. La luz del atardecer lo envuelve mientras todos juegan juntos.

Doodara

Mateo y la fuerza de la amistad

lucia Zurita juarez