Antes de irse a dormir, Muckelina mueve con la lengua un diente suelto. ¡Plop! Ahí está el primer diente de leche sobre la manta. Muckelina lo sostiene entre sus patas y se asombra. A la luz de la luna brilla como un grano de arroz.
Muckelina saca la pequeña caja de debajo de la almohada. Con cuidado, Muckelina coloca el diente dentro y vuelve a meter la caja. Orgullosa y emocionada, Muckelina susurra: “¿Hada de los dientes, me encuentras aquí?” Afuera, las hojas susurran al borde del bosque.
Muckelina se acurruca. Pero con cada crujido y cada susurro, Muckelina levanta la cabeza y mira hacia la ventana. Luego, Muckelina saca la caja una vez más, envuelve el diente en una hoja suave y dice en voz baja: “Gracias, pequeño diente.” La hoja huele a verde y fresco.
Ahora Muckelina coloca la caja ordenadamente en medio de la almohada. Muckelina espera con los ojos abiertos en la habitación plateada. Muckelina quiere ser valiente. Pero de repente, ¡bum, zumbido en la ventana! ¡Solo es una polilla gorda! Eso hace reír a Muckelina.
Una vez más, Muckelina escucha en la noche. Luego, Muckelina pone una pata sobre la caja y la empuja decididamente de nuevo debajo de la almohada. Finalmente, Muckelina se queda dormida. En su sueño, pasa un suave tintineo, y un brillo claro roza el borde de la almohada. Mientras duerme, Muckelina sonríe y suelta el diente.
Por la mañana, Muckelina se despierta, levanta la almohada y saca la pequeña caja. Dentro hay una sorpresa cariñosa: una moneda brillante y una estrellita diminuta de papel. Muckelina acaricia con sus patas mientras la cálida luz de la mañana entra por la ventana.