Nico rueda hacia la mesa del aula. La pantalla táctil parpadea y muestra un mapa del mundo. «¡Hola!» dice una voz amable.
Nico presiona la pantalla para unir sus dibujos con los de sus compañeros. El lápiz virtual se atasca. «Oh», murmura Nico, frotando el botón que hace clic.
Nico intenta controlar el robot que ayuda a mezclar pintura. El robot dibuja una espiral loca. «¡Guau!» exclama Nico, riendo mientras la pintura salpica el suelo.
De repente, todas las pantallas se apagan. La clase queda en penumbra. Los compañeros susurran asombrados mientras Nico toca la pantalla oscura y, ¡zas!, aparece una constelación de estrellas brillantes.
Todas las pantallas se encienden de nuevo. Esta vez muestran un cielo lleno de estrellas. Nico sonríe y dice: «¡Mirad!». Los otros niños se acercan rápidamente.
Los compañeros rodean la pantalla. Uno de ellos toca el borde y las estrellas cambian de color. «¡Es mágico!», dice otro. Nico asiente con una gran sonrisa.
Nico desliza el dedo por la pantalla y las estrellas forman una espiral. Los niños aplauden. La profesora entra sonriendo y aplaude también.
La profesora se acerca y pregunta: «¿Cómo lo has hecho, Nico?». Él señala la pantalla y dice: «Así. Solo hay que tocarla». Todos se inclinan para mirar de cerca.
Nico pasa la página virtual y las estrellas se mueven en espirales de colores. Los niños rellenan el aula de risas y murmullos de asombro. Nico se sienta más cómodo y sigue tocando la pantalla.
Las estrellas danzan sobre la pantalla. Nico ríe y gira sobre sí mismo en su silla. Los demás se ríen también. La clase entera brilla con luz de estrellas.