Nico llegó a la puerta del aula. Sus ruedas chocaron contra los escalones: clac-clac. Él intentó subir, pero la silla se quedó quieta.
Nico vio los pupitres y alargó los brazos hacia el libro abierto. Su lápiz rodó por el suelo y se detuvo bajo una pata. No llegó.
La maestra trajo una pila de libros. Nico puso un pie en los libros, pero resbalaron con un ruido seco. ¡Uy!
Los compañeros trajeron tablas y ruedas. Armaban una rampa suave. Nico empujó; la silla rodó rápido, rápido, rápido, ¡zas! Llegó al pupitre sin tropiezos.
Todos aplaudieron y Nico hizo girar la silla: bum-bum-bum!
Esa tarde decoraron el aula con globos verdes y amarillos, y repartieron torta.
Los pupitres estaban a la altura perfecta y la rampa brillaba bajo la luz. Nico rodó por el salón saludando a cada amigo.
Se quedó quieto junto a la rampa, sonriendo.