Un día soleado en el patio. Pelotita salta del hombro de un niño y cae de bruces al suelo.
Pelotita se lanza contra el suelo, pero en lugar de rebotar, rueda lejos entre los pies de los niños.
Escucha risas desde la pileta y siente que su tapa roja se entristece.
Otra vez intenta rebotar; otra vez rueda sin control. Se esconde detrás del tobogán mientras los niños juegan sin notarla.
La resbala hacia la pileta y gira tan rápido que los niños empiezan a reír.
Pelotita descubre que rodar también tiene su magia.
Los demás niños corren tras ella, y Pelotita rueda y rueda sin parar.
Todos gritan de alegría mientras la pelota roja los invita a jugar.
Pelotita se sienta junto a las otras pelotas y sonríe.
Ahora sabe que rebotar no lo es todo.