El pequeño sale trotando por la callejuela de tierra. Ve una mariposa naranja danzando y salta tras ella.
La mariposa se posa en el tejado. Él da un paso atrás, la cola quieta, pero sus orejas se agitan con el viento cálido.
Baja a la tierra y encuentra a una ardilla junto al tronco. Le ladra un saludo, pero la ardilla chilla y sube al árbol.
Una bellota rebota en la tierra. Él la mira, sacude el pelaje y sigue su camino.
Llega al jardín y ve un pajarito saltando entre las verduras. Se acerca despacio.
Lanza una hoja seca hacia el pájaro, pero este vuela al tejado para cantar.
Se sienta a observar cómo la hoja gira y cae. El olor a tierra húmeda se mezcla con el sol tibio.
Regresa a su caseta y se acurruca con un suspiro. De pronto, un rasguño suave suena detrás de la casa.
Se gira y descubre un pequeño erizo asomándose entre los arbustos, sujetando una pelota roja brillante.
El erizo rueda la pelota hacia él. Él la empuja de vuelta con la nariz.
Rodan la pelota juntos bajo el sol cálido. La cola se balancea mientras el erizo se acurruca junto a su pata.
El aire huele a pino y a pelaje tibio. Juegan hasta que la luz se vuelve dorada.