El bosque de pinos se extendía infinito, verde y vibrante. El aire olía a tierra húmeda.
Pepe corría de un pino a otro, invitando a todos. ¡Venid a la fiesta! —gritó.
Un ciervo apareció entre los troncos. —¡Hola, amigo! —dijo Pepe.
El ciervo asintió con alegría. —¡Claro que sí! —respondió.
Luego vio a una liebre saltando. —¡Hola, liebre! —llamó Pepe.
La liebre dio un brinco. —¡Me encanta! —gritó.
Más adelante, un zorro rojo apareció. —¡Zorro! —exclamó Pepe.
El zorro movió su cola esponjosa. —¡Con gusto! —respondió.
Al anochecer, un búho posó en una rama. —¡Búho! —dijo Pepe.
El búho parpadeó tras sus gafas. —¡Por supuesto! —dijo.
Todos se reunieron en un claro. Pepe repartió los pasteles entre ellos.
Los animales rieron y comieron. El bosque resonó con alegría.