Un lago tranquilo rodeado de árboles tropicales. Perico volaba hacia su orilla favorita cada mañana.
Perico bebía agua fresca y se sacudía las plumas mojadas. ¡Plaf, plaf! Las gotas volaban por todos lados.
De pronto, un crujido extraño rompió el silencio. Perico se detuvo en seco. ¿Qué será eso?
Perico se adentró entre los árboles, pisando las hojas secas con cuidado. Cruj, cruj, cruj.
Un chillido agudo lo detuvo. Era Anna, su lora, temblando de miedo entre los arbustos.
¡Craaaack! Una rama gruesa se partió y cayó hacia Anna. Perico la empujó a toda velocidad. ¡Aaaaah!
Ambos aterrizaron en la orilla. Anna temblaba sin parar. Perico se acercó despacio y la empujó suavemente contra su pecho.
Las ondas del lago se calmaron. Perico le dio un golpecito suave con el pico. Ya está bien, Анна. Los dos se quedaron abrazados bajo el sol.