Lucía entra corriendo al aula y se sienta de golpe. La silla cruje bajo su peso.
La pequeña niña mira las plantas verdes que se mecen lentamente. El aire huele a tierra mojada.
Intenta alcanzar un libro en la estantería alta pero sus dedos solo rozan el lomo azul del tomo.
Da un pequeño salto con los zapatos brillantes, pero el libro no baja ni un centímetro.
Se queda quieta, mirando fijamente la espina de un cactus decorativo cerca del techo.
De repente, una hoja grande cae suavemente desde arriba, aterrizando justo frente a sus narices.
Lucía la recoge y descubre que tiene forma de corazón perfecto con venas doradas.
Sonríe mientras frota la textura rugosa entre sus pulgares. Es una sensación nueva y extraña.
La misma hoja vuelve a caer, esta vez posándose como un sombrero sobre la cabeza de Lucía.
Ella ríe y salta hacia atrás, haciendo que la hoja vuele hasta la mesa del maestro.
Las otras hojas parecen aplaudir con un suave crujido seco. El aula está llena de luz.
Lucía deja la hoja dorada en el centro de su mesa y coloca sus manos juntas sobre ella.
Siente el silencio cómodo del aula llena de luz y el olor dulce de las flores abiertas.
Cierra los ojos saboreando ese momento tranquilo y nuevo. Todo parece perfecto en este instante.