Lunara, la mayor, patea la puerta del castillo. ¡CLAC! La bruma violeta le llena la cara y huele a canela.
Tras la niebla, tres cuernos brillan. ¡Los unicornios! Las tres se quedan boquiabiertas, quietas como estatuas.
El monstruo del tejado rugue: «¡Ni se acerquen!» Las tres se encogen bajo las garras de bruma.
Lunara, la menor, empuja la cortina con toda su fuerza. ¡PLOF! Una llovizna pegajosa les cae encima.
Les deja el cabello plateado y brillante. Ríen a carcajadas, girando sobre sí mismas. ¡Qué divertido!
Lunara, la del medio, levanta su espada de madera. El monstruo frunce el ceño, abre la boca enorme…
¡AAPHH! Estornuda. Una nube de escamas verdes cae sobre todo, y los unicornios patean y rompen su cadena.
Las tres agarran las crines. ¡TIRAN! Juntas, con todas sus fuerzas, tiran de una vez.
El monstruo se resbala. ¡BOOM! Cae de espaldas y la bruma se quiebra en mil pedazos de luz dorada.
Bajo un cielo limpio, cabalgan juntas. El monstruo ronca dormido, cubierto de escamas, y el viento les levanta el cabello plateado. Van, van, van…







