Simón corre por un callejón colorido. Las flores de los jardines huelen a miel.
Sus amigos lo llaman desde la esquina. Le muestran un mapa viejo que encontraron. Simón dobla el mapa y lo guarda en su bolsillo.
Siguen el mapa hasta el borde del bosque. Los árboles forman un túnel de hojas plateadas.
En el suelo, entre las raíces, hay tres piedras con símbolos grabados. Simón toca cada piedra en orden.
Cada piedra emite un sonido suave. Los sonidos los guían hacia un claro con un arroyo.
No hay puente. Simón prueba la primera piedra y resbala, pero sus amigos lo atrapan de las manos.
Intentan de nuevo, contando en voz alta: uno, dos, tres, salto.
Al otro lado, descubren una cueva con paredes de cristales. En el centro, un cofre de madera antigua espera con la tapa entreabierta.
Simón se acerca despacio y empuja la tapa. Dentro hay montones de monedas de cobre brillantes y un mapa enrollado.
Pero al tomar el mapa, el cofre se cierra de golpe y los cristales se apagan. Simón suspira.
Sus amigos toman las manos de Simón y juntos cantan. Los cristales vuelven a brillar y el cofre se abre.
Dentro del mapa están dibujados todos los senderos del bosque, marcados con estrellas doradas. Simón sonríe y guarda el mapa en su bolsillo.