En el jardín, Loki excava detrás de la rosa roja. Sofía observa con curiosidad. De pronto, algo brillante asoma entre la tierra.
Sofía da un paso adelante. —¡Loki, mira!— dice. El perro ladra y choca contra la puerta. Con un ssshh humeante, la puerta se abre.
Dentro, un botón parpadea con luz verde. Sofía lo presiona. ¡La nave se eleva como un cohete!
La nave atraviesa nubes que suenan como algodón arrugado. Loki se asoma por la ventana con la nariz pegada al cristal. Sofía señala las estrellas.
Las estrellas crecen y crecen hasta convertirse en un planeta rosa. La nave aterriza suavemente entre árboles de hojas de cristal que tintinean.
Un alien pequeño y redondo salta detrás de un arbusto brillante. Pero al ver a Loki, se asusta y huye hacia una cueva oscura.
El alien queda atrapado bajo una roca de cristal que rueda y lo tapa. Sofía corre hacia la cueva. —¡No te preocupes!— dice.
Sofía empuja la roca con ambas manos. Loki tira con fuerza. La roca se mueve y el alien queda libre. Extiende su mano fría contra la de Sofía.
Juntos miran la Tierra reflejada en el ojo grande y oscuro del alien. Luego, el alien se sube a la nave y se despiden.
La nave regresa al jardín. El alien se asoma por la ventana y agita su mano. Loki se acurruca a los pies de Sofía. Los tres miran las estrellas sonriendo.