La linterna parpadea y las sombras se estiran por las paredes de la cueva. El atrapasueños cuelga quieto del techo.
Valo jala el atrapasueños y lo levanta. Detrás de las plumas, las sombras parecen dientes enormes. ¡No, no, no!
Se mete bajo la manta. Aprieta los ojitos. El mundo es manta y silencio.
Asoma la cabeza. Una pata sobre la otra. Árbol. Su cola balancea, balancea…
¡Clonk! Cae de lado contra la manta. El atrapasueños se mece. Tí-tí-tí.
Mira la pared: ¡una sombra con patas enormes! ¡Un oso gigante!
Gira la cabeza. Es su propia cola dando vueltas. ¡Je! Uno, dos, tres. La sombra vuelve a ser sombra.
La linterna se apaga. Oscuridad. Una rayita de luna toca el atrapasueños. Cruje, cruje, cruje.
Valo baja los bracitos. Sus patitas dejan de temblar. Se enrolla en la manta.
El atrapasueños tintinea arriba. En su carita, una sonrisita valiente. Vaivén, vaivén, vaivén.