Teo abrió la puerta del refrigerador y vio algo increíble. ¡Detrás de cada alimento había una puertita de colores!
Con los ojos muy abiertos, Teo se acercó al estante de las manzanas. Una puerta roja lo esperaba.
Teo se subió al taburete, abrió la puerta roja y… ¡una manzana verde gigante le guiñó un ojo! Se mordió un pedazo y su cara se arrugó de lo ácida. ¡Qué risa tan extraña!
Cerró la puerta roja con cuidado y se dirigió a la puerta verde. Al asomarse, vio una zanahoria naranja que brillaba como el sol.
Mordió la zanahoria. ¡Croc! Era dulce y crujiente. Teo sonrió y miró hacia la puerta naranja que estaba más allá.
La puerta naranja brillaba como la luz del atardecer. Teo la empujó con fuerza.
Dentro, una naranja mágica parpadeó dos veces… y luego le guiñó un ojo. Teo se quedó helado, con la boca entreabierta.
Teo sonrió. Todas las puertas brillaban como un arcoíris. Se acercó a la naranja, lista para probar.