Tiko se asoma a la ventana cuando el sol se esconde. ¡El número 10 sale volando de la casa del Señor Grillo como una luciérnaga dorada!
Tiko se ajusta el sombrero de estrellas y corre tras él. Pisotea fuerte sobre el suelo de madera que cruje bajo sus botas.
Encuentra el 10 escondido dentro de una caja de zapatos. Pero el número se desliza entre sus dedos y se esconde bajo la alfombra. El 10 se ríe en voz alta, un sonido como cascabelitas.
Tiko arrastra la alfombra con las manos, respirando agitadamente. El número brilla tenuemente por debajo. ¿Qué hacen los números cuando nadie los mira?
En la panadería, el 11 baila sobre la mesa formando números con su sombra. Tiko se empolva la cara con harina. El 11 hace piruetas sobre el mostrador.
La panadera ríe y le ofrece un pan con forma de cero. Tiko sonríe entre la harina. ¡El número 11 se escapa por la ventana!
En la azotea, el 12 está atrapado en un nido, confundido. No sabe cuántos huevos debe contar. Tiko trepa por la escalera de mano que tambalea.
Tiko le ayuda a contar uno por uno. El 12 se pone rojo de vergüenza. Luego se posa sobre el sombrero de estrellas de Tiko y le susurra un secreto.
Los números del 13 al 20 se reúnen en la plaza formando un arcoíris brillante. ¡Todo el pueblo se ilumina!
Tiko se para en medio gritando de alegría. Sus estrellas bailan en el sombrero. Cada número canta su propio cuento en voz alta.
Los vecinos salen de sus casas y abrazan sus números. Los números brillan como amigos que siempre estuvieron ahí.
Tiko se queda en la plaza, sonriendo. Ahora sabe el secreto: los números nunca están solos. Siempre tienen alguien que los busca.