Tino traza un círculo con su crayón amarillo sobre el papel. De pronto, el círculo se agranda y se transforma en un sol brillante.
El círculo crece hasta cubrir la pared entera. Todos se giran y sus ojos se abren como platos.
Tino intenta explicar qué es el sol, pero sus palabras se pierden entre las risas de los demás.
Un compañero tapa el mural con un libro grande y el sol desaparece. Tino aprieta el crayón en su mano.
Después del recreo, Tino dibuja otra vez, esta vez con tiza azul en el patio. La tiza resbala y deja un rastro de estrellas.
Las estrellas comienzan a brillar en la oscuridad del pasillo. Los niños corren hacia el brillo, asombrados.
La maestra se acerca para borrar las estrellas, pero Tino se interpone con los brazos abiertos. ¡Espera!
Las estrellas se detienen en el aire, flotando como luciérnagas. La maestra sonríe y baja la mano.
El mural de estrellas permanece en la pared. Cada día Tino añade un nuevo dibujo que todos observan en silencio.
Los compañeros se sientan alrededor, escuchando las historias que Tino cuenta con voz clara.