Toby cruza la puerta del salón vestido de Spider-Man. Su máscara roja tiene telarañas dibujadas con rotulador. Los demás niños corren al patio y se ríen. Toby se detiene en el umbral, se toca una telaraña en su muñeca y entra despacio.
Los otros niños señalan y corren hacia el patio gritando. Toby se queda quieto un momento. Luego da un paso dentro del salón, la máscara le cubre la cara, y sus dedos acarician la telaraña que dibujó en su propia muñeca.
En el patio, los niños juegan y señalan su disfraz. Toby suspira. Se ajusta la máscara y entra al salón por la puerta de atrás. El calor de la tarde lo espera dentro.
Durante la clase de matemáticas, Toby dibuja espirales en su cuaderno. Los números giran en círculos suaves que lo calman. Su compañero de banco, Mateo, lo observa un instante y luego se aleja sin decir nada.
Toby traza círculos con su lápiz, despacio, como si estuviera creando su propia telaraña de números. Mateo se gira en su banco, lo mira, y baja la mirada. Nadie habla. El ruido del salón los envuelve.
Mateo se acerca al banco de Toby con un puzzle desarmado sobre la mesa. Con voz tímida le pregunta si puede ayudarlo a armarlo. Toby asiente y ambos comienzan a encajar las piezas.
Las piezas chocan suavemente. Uno y otro buscan la que falta. Los demás niños juegan lejos, pero en aquella mesa pequeña, solo existen las figuras que encajan.
Cuando la última pieza encaja, el puzzle revela una gran telaraña brillante. Mateo sonríe. Toby se quita la máscara un momento y sus ojos brillan. Mateo le dice que cada niño tiene su propia telaraña especial.
Esa tarde, Toby y Mateo juegan en el parque del barrio. Traen tiza de colores y empiezan a dibujar espirales enormes en la vereda. Sus piernas y brazos forman telarañas nuevas sobre el cemento.
Toby y Mateo se ponen de pie y cruzan los brazos y las piernas, creando telarañas con sus cuerpos. Las espirales de tiza crecen en la vereda bajo el sol del barrio.
Los otros niños se acercan al parque. Ven las telarañas de tiza y las de cuerpo. Uno pide un trozo de tiza. Otro quiere dibujar la suya. Pronto todos trazan sus propias redes bajo el sol.
Todos dibujan sus telarañas bajo el sol del barrio. Toby y Mateo se miran y sonríen. Cada niño tiene la suya, y todas se unen en la vereda, brillando como una sola red gigante.