Tomás está en el sofá, rodeado de envoltorios de dulces. Su mamá pone un plato de verduras en la mesa. Tomás hace un puchero y se cruza de brazos.
¡De pronto, la brócoli se mueve sola! Tomás parpadea. La brócoli hace un pequeño baile.
La zanahoria se pone de pie y hace una reverencia. Tomás se ríe y prueba un trozo. ¡Cruje! Sabe a crujir.
Tomás se para en la silla y pide más. Su mamá sonríe y trae un plato nuevo con formas divertidas.
Tomás imagina las verduras como un tesoro escondido en la mesa. Juega a encontrarlas una por una.
Cada bocado es una risa más. El plato está vacío y Tomás se limpia la boca con la manga.
Su papá dice que van al parque, pero Tomás se niega. Entonces su papá propone una carrera.
¡Tomás sale corriendo! El parque es un mundo nuevo. Salta los bancos, corre entre árboles.
Se desliza por el tobogán. ¡Se ríe sin parar! El parque se siente enorme y lleno de sorpresas.
Tomás llega a casa con la cara roja y el pelo despeinado. Su mamá le ofrece un plato de verduras y Tomás se las come sin pensarlo.
Luego corre hacia la puerta, listo para el parque de nuevo. Se siente ligero, feliz, y con ganas de seguir jugando.
¡Al parque otra vez! Tomás corre por el camino del barrio mientras el sol se pone.