Pipo está en el bosque cuando un aullido retumba entre los árboles: es el lobo.
Sus patitas temblorosas se esconden detrás de un tronco y las hojas crujen bajo sus pezuñas cuando intenta no hacer ruido.
Pipo sale temblando y se encuentra con sus dos hermanos cerditos, que ya están cargando tablas y cuerdas.
'Vamos a construir algo fuerte', dice su hermano mayor, y el martillo golpea un clavo — ¡toc, toc, toc! — en la primera viga de madera.
El lobo aparece entre los arbustos, silbando y acercándose paso a paso, y sus grandes patas aplastan las hojas secas del suelo.
Pipo se agazapa detrás de sus hermanos, pero ellos le extienden una pequeña pala y lo empujan hacia adelante con fuerza.
Pipo cava un hoyo con la pala mientras sus hermanos colocan los troncos gruesos uno sobre otro.
El sol calienta la corteza y los tres cerditos se miran sonrientes mientras el refugio gana forma alrededor suyo.
El lobo se detiene frente a la puerta de madera y sopla con todas sus fuerzas, pero el refugio no se mueve ni un centímetro.
Pipo empuja la puerta desde adentro y ambos cerditos pequeños salen al mismo tiempo.
Los dos cerditos pequeños salen parados muy firmes, y el lobo da media vuelta y huye entre los árboles.
El bosque se queda tranquilo otra vez.