El prado verde se extiende hasta el bosque oscuro. Trufi ya estaba trabajando con cuidado, ladrillo a ladrillo.
El hermano mayor llegó corriendo con paja en la mano. El hermano del medio traía ramas y troncos. Trufi no dejó de trabajar.
El hermano mayor tiró la paja en un montón desordenado. El del medio apiló los troncos torcidos. Trufi alisó cada unión con sus manos.
Los hermanos se tumbaron a dormir. Trufi siguió apilando, ladrillo a ladrillo, mientras el sol bajaba detrás del bosque.
Entre los árboles oscuros, dos ojos amarillos brillaron. El lobo había llegado.
El lobo abrió la boca y sopló. La casa de paja voló en un remolino que cubrió los ojos del hermano mayor.
La casa de madera crujió y se derrumbó. El hermano mayor corrió hacia la casa de Trufi entre gritos.
La casa de madera también se deshizo. Los dos hermanos corrieron hacia la casa de Trufi.
Trufi cerró la puerta de roble con llave. Se quedó quieta, escuchando cómo el lobo empujaba contra los muros.
El lobo subió al tejado y se dejó caer por la chimenea. Trufi encendió la lumbre y una llamarada azul subió con un silbido.
El lobo salió a trompicones, con el pelo erizado y un anillo de humo en la cola. Huyó entre los árboles sin mirar atrás.
Los tres hermanitos se sentaron en el suelo del salón, aún temblando. Trufi repartió tres manzanas que habían guardado en la despensa.