Xia llega al campamento con su husky. Estira los brazos y dice: —¡Qué bosque tan grande! Su husky ladra contenta y corre entre los árboles.
De pronto, el husky se detiene y mueve la cola: ha olido algo. Xia se arrodilla y sigue la huella en el suelo.
Xia encuentra un sendero cubierto de helechos y susurra: —Vamos a explorar. El husky ladra y ambos caminan entre los árboles.
Crujen las hojas bajo sus pasos. El husky se detiene y mira hacia arriba, y la luz dorada crece a su alrededor.
Entran en un claro: un arroyo brilla como si tuviera estrellas dentro. ¡Luciérnagas! ¡Son como estrellas que vuelan!
Xia y el husky se acercan al arroyo. Las luciérnagas danzan sobre el agua y ella susurra: —Son mágicas.
El husky se acerca y apoyan sus cabezas una junto a la otra, mirando las luciérnagas bailar sobre el agua.
Xia sonríe y le da un cariñoso toque en la nariz al husky. Él lame su mejilla y ella ríe bajito.
De vuelta en el campamento, Xia y el husky comen galletas junto a la fogata. El humo sube despacio al cielo.
El husky lame los dedos de Xia y ella ríe. La fogata chisporrotea y le da calor en la fría noche.
La fogata chisporrotea suave y Xia piensa: este es su lugar favorito del mundo.
El husky se acurruca cerca y Xia cierra los ojos. La fogata sigue chisporroteando en la noche tranquila del bosque.