Ximena se acuesta entre cojines pastel y cierra los ojos. Una luz rosada flota desde su manta y brilla suavemente.
Ximena estira la mano hacia ella mientras sus párpados siguen cerrados.
De pronto, un unicornio de cristal rosa aparece. Sus cascos tintinean como campanitas.
El unicornio baja la cabeza y le toca la nariz con su pico de cristal. Un brillo cubre la habitación entera.
Las paredes empiezan a brillar y todo su cuarto se transforma en un jardín de flores gigantes.
Los pétalos caen a su alrededor y la hierba está suave bajo sus pies descalzos.
Ximena corre hacia el unicornio y él despega volando por encima de las flores.
Ximena lo sigue y flota en el aire junto a él, con el viento suave rozando su cara.
Ximena aterriza de nuevo en su cama entre cojines pastel, con un rayo de sol tibio sobre su almohada.
Abre los ojos y sonríe mientras acaricia su manta favorita.