En el jardín mágico, el tiempo crecía como enredaderas con antenas que captaban los sentimientos de los seres vivos.
Zuri se posó en la enredadera. Sus antenas se erizaron. La enredadera emitió un zumbido grave.
Zuri dio un saltito. Sus alas crujiendo. Luego aleteó hacia un rincón soleado.
Una hoja se agitó y soltó una gota de rocío que cayó sobre su cabeza. Zuri se lame la frente y frunce el ceño.
Luego buscó otro rincón bajo hojas verdes que susurran al contacto.
De pronto, una mariposa de cristal apareció y posó sus patas en la enredadera principal.
La enredadera se estiró y mostró un reflejo de Zuri con alas de colores cambiantes. Zuri parpadeó y dio un paso atrás.
El reflejo sonrió. Zuri lo tocó con su patita. El reflejo sonrió más.