Zuri empuja desde adentro. No puede salir todavía.
La crisálida cuelga firme. Zuri suspira. Piensa: aún no.
Un conejito se acerca. «¿Estás bien?» le pregunta.
«Quedo atrapada», dice Zuri. «¿Me cuidas un rato?»
Los días pasan. Zuri se mueve sin parar.
Pipa trae hojas suaves y flores frescas cerca de la rama.
De noche, la crisálida empieza a brillar con luz dorada.
Al amanecer, la crisálida se abre despacio.
Zuri sale con sus alas grandes y coloridas.
Pipa aplaude con entusiasmo. «¡Lo lograste!»
Los colores de Zuri brillan bajo el sol del bosque.
Zuri extiende las alas y vuela alto entre los árboles.