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¡Tu peque puede hacerlo!

¡Tu peque puede hacerlo!

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Todas las páginas, con nuestro peque de muestra — este papel es para tu hijo.

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    ¡Mira! Los ruedines ya no están: descansan sobre la hierba. La bici azul ahora solo tiene dos ruedas. Tu peque la mira fijo, con el corazón haciendo pum-pum de emoción… y una pizquita de miedo.

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    Casco puesto, ¡clic! Rodilleras bien ajustadas. Tu peque se da dos palmaditas en el pecho y se pone firme: «¡Todo listo!» El perrito también se sienta derechito, como un pequeño entrenador.

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    Primer intento… ¡La bici baila! El manillar se tuerce para acá, para allá. «¡Uy, uy, uy!» El perrito trota al lado por la hierba, sin perderse ni un solo bamboleo.

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    ¡Pum! Tu peque cae sobre la hierba blandita. Las rodilleras hicieron su trabajo: por fuera no duele nada. Pero por dentro pica un poquito, y el labio se tuerce solo.

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    «Ya no quiero seguir…», susurra Tu peque, abrazando sus rodillas. Pero el perrito acerca la pelotita roja rodando y le lame la mano, como diciendo: ¿probamos una vez más? Y una sonrisita se asoma despacito.

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    Tu peque respira hondo, muy hondo, y levanta la bici azul. «Ojos al frente, pedalea sin parar. ¡Yo puedo!» El perrito ladra dos veces: ¡guau, guau! ¡Claro que puedes!

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    ¡Pedalea, pedalea, pedalea! Un tambaleo… ¡y firme! La bici azul sigue rodando y rodando, más lejos que nunca. El perrito corre al lado, con las orejas volando al viento.

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    El viento juega con el pelo y el timbre plateado suena: ¡rin, rin! «¡Estoy montando en bici! ¡De verdad, de verdad!», grita Tu peque. Los patos del estanque levantan la cabeza, y el perrito salta de alegría.

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    Rodea el árbol grande, cruza el puentecito… ¡Tu peque da una vuelta entera sin parar ni una vez! El perrito corre detrás, con el rabo girando como un molinillo contento.

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    El sol se esconde, dorado y calentito. Tu peque da unas palmaditas suaves al sillín: «Hasta mañana, bici azul.» Y dentro del pecho de Tu peque brilla un enorme «yo puedo».