
Tu peque dice la verdad
Solo hacen falta una foto y un nombre.
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Todas las páginas, con nuestro peque de muestra — este papel es para tu hijo.
1¡Hora de pintar! Tu peque se pone la bata y coloca en fila los botes de pintura. El gran plan de hoy: un dinosaurio morado grande, grandísimo, con una sonrisa simpática. ¡Qué emoción!
2¡Ay! Un golpecito con el codo y el bote de pintura morada se vuelca. Plic, plic… una gran mancha morada florece en la alfombra y crece más y más. Tu peque se queda de piedra.
3«¿Y ahora qué? ¿Y ahora qué?». El corazón de Tu peque hace pum-pum, pum-pum. Cuanto más mira la mancha morada, más grande parece. Hasta el pincel se queda quietecito en el suelo.
4Muy despacito, Tu peque dobla la esquina de la alfombra, tapa la mancha y la aplasta con las manos. «Así… ya no se ve, ¿verdad?». Pero un trocito morado sigue asomando por debajo.
5Pero la barriga de Tu peque parece cargar una piedra grande y pesada. Tu peque se sienta en el primer escalón, sin decir nada. Un secreto escondido no es nada, nada divertido. Ni un poquito.
6Tu peque respira hondo, muy hondo, y se pone de pie. Aprieta fuerte los puñitos, llenos de valor. «Voy a contárselo a mamá». Un paso valiente, y otro más, hacia la luz calentita de la cocina.
7«Mamá, se me cayó la pintura y manché la alfombra. Perdón». Tu peque dice la verdad con una vocecita chiquitita, retorciendo el borde de la bata. Mamá escucha en silencio, hasta el final.
8Mamá abre los brazos y abraza a Tu peque muy fuerte. «Decir la verdad… eso es lo más valiente de todo», le dice bajito. Y la piedra pesada de la barriga de Tu peque se derrite de golpe.
9Tu peque y mamá, lado a lado, frotan la alfombra con trapitos llenos de espuma. ¡Fru, fru, fru! Las burbujas hacen cosquillas, y la mancha morada se va borrando poquito a poco.
10Al día siguiente, Tu peque vuelve a pintar muy feliz. Esta vez, con una sábana vieja bien grande en el suelo. Suish, suish, baila el pincel morado. ¡Qué a gusto se está con el corazón ligerito, como flotando!
