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Tu peque dice la verdad

Tu peque dice la verdad

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Todas las páginas, con nuestro peque de muestra — este papel es para tu hijo.

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    ¡Hora de pintar! Tu peque se pone la bata y coloca en fila los botes de pintura. El gran plan de hoy: un dinosaurio morado grande, grandísimo, con una sonrisa simpática. ¡Qué emoción!

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    ¡Ay! Un golpecito con el codo y el bote de pintura morada se vuelca. Plic, plic… una gran mancha morada florece en la alfombra y crece más y más. Tu peque se queda de piedra.

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    «¿Y ahora qué? ¿Y ahora qué?». El corazón de Tu peque hace pum-pum, pum-pum. Cuanto más mira la mancha morada, más grande parece. Hasta el pincel se queda quietecito en el suelo.

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    Muy despacito, Tu peque dobla la esquina de la alfombra, tapa la mancha y la aplasta con las manos. «Así… ya no se ve, ¿verdad?». Pero un trocito morado sigue asomando por debajo.

  5. 5

    Pero la barriga de Tu peque parece cargar una piedra grande y pesada. Tu peque se sienta en el primer escalón, sin decir nada. Un secreto escondido no es nada, nada divertido. Ni un poquito.

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    Tu peque respira hondo, muy hondo, y se pone de pie. Aprieta fuerte los puñitos, llenos de valor. «Voy a contárselo a mamá». Un paso valiente, y otro más, hacia la luz calentita de la cocina.

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    «Mamá, se me cayó la pintura y manché la alfombra. Perdón». Tu peque dice la verdad con una vocecita chiquitita, retorciendo el borde de la bata. Mamá escucha en silencio, hasta el final.

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    Mamá abre los brazos y abraza a Tu peque muy fuerte. «Decir la verdad… eso es lo más valiente de todo», le dice bajito. Y la piedra pesada de la barriga de Tu peque se derrite de golpe.

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    Tu peque y mamá, lado a lado, frotan la alfombra con trapitos llenos de espuma. ¡Fru, fru, fru! Las burbujas hacen cosquillas, y la mancha morada se va borrando poquito a poco.

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    Al día siguiente, Tu peque vuelve a pintar muy feliz. Esta vez, con una sábana vieja bien grande en el suelo. Suish, suish, baila el pincel morado. ¡Qué a gusto se está con el corazón ligerito, como flotando!