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Tu peque se muda de casa

Tu peque se muda de casa

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Todas las páginas, con nuestro peque de muestra — este papel es para tu hijo.

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    ¡Llegaron las cajas grandes, apiladas altas como una pared! Tu peque también tiene su cajita — ¡plas, plas! — llena de pegatinas por todas partes. Estrellas, conejitos y un cohete brillante. ¡Lista!

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    Los tesoros más queridos se mudan a la cajita: el conejito, la piedra brillante y la hoja roja del parque. Uno a uno, con muchísimo cuidado. «Bien calentitos ahí dentro, ¿eh?»

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    «Gracias, ventana, por darme tanto sol.» Tu peque da unas palmaditas suaves al alféizar. Las motitas de polvo giran en el rayo de luz, como si la ventana también dijera adiós.

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    «Gracias, pared, por recordar cuánto he crecido.» Un dedito toca la marca de lápiz más alta. Y desde la puerta, un adiós despacito con la mano. «Adiós, cuartito. Te voy a extrañar.»

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    ¡En la sala, las cajas forman una montaña! Abrazando la cajita, Tu peque trepa hasta la cima: ¡al mando de la Montaña de Cajas! «¡Tierra a la vista! ¡Rumbo a la casa nueva!»

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    ¡Pi, pi! ¡En marcha! La cajita viaja en las rodillas de Tu peque, bien segura. Juntos miran las nubes correr por la ventana. «¡Esa parece nuestra casa nueva!»

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    La casa nueva es grande y está vacía, y hasta las voces suenan raras: hola… hola-a… Desde la puerta, Tu peque abraza fuerte su cajita. La cajita es calentita y conocida.

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    «¡Hola!» «…ola… ola…» ¡La habitación vacía repite lo que dices! ¡Y la escalera hace pom, pom a cada paso! Otro grito, otro pisotón… ¡A esta casa nueva también le gusta jugar!

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    El cuarto nuevo tiene una ventana grande… ¡y afuera hay un árbol entero saludando con sus hojas verdes! La cajita se abre y los tesoros salen uno a uno. El conejito se queda con el mejor sitio del alféizar.

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    Buenas noches, cuarto nuevo. La cajita de pegatinas monta guardia junto a la cama, y el árbol de afuera susurra una nana suavecita. Y es que el hogar viaja contigo adonde vayas.