Doodara

El Nuevo Hogar de Pipoca

S. Motta

Sobre esta historia

El Nuevo Hogar de Pipoca

por S. Motta · Acuarela · Edades 3–5 · 10 páginas

Pipoca se desliza por la puertita de alambre. CRACK — la reja cruje y las patitas chocan contra el césped mojado. Ahí atrás, el olor al café de la profesora ya no llega.

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Pipoca se desliza por la puertita de alambre. CRACK — la reja cruje y las patitas chocan contra el césped mojado. Ahí atrás, el olor al café de la profesora ya no llega.

Salta por encima de la valla. Las patitas resbalan sobre el pasto empapado y su cuerpecito diminuto cae al otro lado. El mundo es demasiado grande allá afuera.

El jardín de los vecinos está en silencio. Solo el viento mueve las hojas secas esparcidas por el suelo.

Pipoca olfatea la rueda de la bicicleta. Olfatea el montón de hojas. Olfatea el muro de la otra casa. Ningún lugar huele a ella.

Un camión enorme pasa sacudiendo el suelo bajo sus patitas. Se aprieta en la rendijita fría del muro, con la cola pegada al cuerpo.

Ahí — un sonido. Minúsculo. Familiar. Las orejitas se levantan de golpe y la naricita tiembla. Es la voz de la profesora llamándola.

¡Pipoca! ¡Pipoca, dónde estás! Dos botas amarillas se detienen en el portón del jardín. El olor del pan, tibio con mantequilla, se cuela por la ventana abierta. La cola se mece. Una vez. Dos.

Pipoca sale disparada desde debajo del arbusto. ¡BANG! — el portón golpea. Resbala en el césped y choca con las pantorrillas de la profesora. La escoba cae. ¡AAAH!

La profesora se sienta en el azulejo frío de la terraza y abraza al Shih Tzu diminuto. Pipoca le lame el mentoncito. Una vez. Dos. Tres.

En la terraza soleada, Pipoca duerme arrolladita en la mantita a cuadros rojos. La llavecita hace clic. La calle está callada: solo el tic-tac del reloj y su soplo diminuto. La profesora le rasca detrás de las orejitas.